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El persa al-Biruni (1000 d.C.)

Al-Biruni (973-1048), aunque es poco conocido en el mundo occidental, fue uno de los más grandes sabios de todas las épocas. Fue astrónomo, filósofo, matemático, físico, historiador, geógrafo, farmacéutico, geólogo, viajero, cartógrafo, antropólogo, etc., y su obra científica se estima que supera los 150 tratados, en los cuales se ocupa de casi cada una de las ciencias.1 Conocía a la perfección el griego y, como menciona D. Tsibukidis, estudió decenas de tratados de científicos griegos antiguos en sus originales.2

George Sarton, el llamado “padre de la historia de las ciencias” y profesor de la Universidad de Harvard, refiere que Biruni fue “uno de los más grandes científicos del mundo islámico y considerado por todos como uno de los más grandes de todos los tiempos”.3

Abdelhamid I. Sabra, profesor de Historia de las Ciencias en la Universidad de Harvard y Alejandría, calificó a al-Biruni como “uno de los mayores genios científicos de toda la historia”.4

A la izquierda, modelo de astrolabio. A la derecha, modelo de un aparato solar y calendario
lunar. Los dos se construyeron en base a los planos y descripciones de al-Biruni y se encuentran
en el Instituto de Historia de las Ciencias Arábico-Islámicas, en la Universidad
Gaite de Frankfurt. Las imágenes proceden del tratado escrito por el presidente del Instituto,
el doctor Fuat Sezgin, que lleva por título “Ciencia y Tecnología en el Islam”.

Para comentar su complicada obra y su contribución a la ciencia se necesita escribir un tomo voluminoso. Merece la pena, como muestra, referir sólo un ejemplo de su primacía científica: el cálculo del radio de la Tierra en 6339 km., estimación que dista de la real apenas en 16,8 km. Como señalan los matemáticos John J. O´Connor y Edmund F. Robertson, es un cálculo al que llegó el mundo occidental en el siglo XVI, es decir, quinientos años más tarde.5

 

Manuscrito persa con dibujo de al-Biruni que explica las fases del eclipse
lunar. Había observado el eclipse lunar del 17 de septiembre de 1019 y
había registrado al mismo tiempo la latitud de todos los astros conocidos.

De las 150 obras de al-Biruni tan sólo 22 han llegado hasta nuestros días. Entre ellas, se incluye la Cronología de los Pueblos Antiguos (Αl-Athār albāqiyah), la cual, según el alemán Eduard C. Sachau, escribió alrededor del año 1000.6 En esta obra el sabio persa, en un capítulo que dedica a la celebración de la Pascua de los cristianos, constata todo cuanto conoce de la ceremonia del Fuego Santo.

 

Estatua de al-Biruni en el parque Laleh de Teherán.

La obra se conserva en cinco manuscritos7 editados por primera vez en 1878 por E.C. Sachau,8 pero, como se comprobó más tarde, la edición no estaba completa porque el manuscrito que se utilizó no incluía el capítulo de la ceremonia del Fuego Santo ni otras partes de la obra.

En 1912, el Museo Asiático de la Real Academia de las Ciencias de San Petersburgo se hizo con un manuscrito de la misma obra, más antiguo que el utilizado por E.C. Sachau. Este manuscrito, más completo y que contiene el capítulo sobre el Fuego Santo, fue dado a conocer por primera vez por el director del Museo asiático, Carl H. Salemann.9

El fragmento del manuscrito que refiere la ceremonia del Fuego Santo fue traducido al ruso por I.J. Krachkovsky en 1915.10

En 1933, el estudioso alemán Hellmut Ritter descubrió en la Biblioteca Umumi (Beyazit) de Constantinopla un manuscrito árabe más de la misma obra, el cual también contiene el capítulo sobre el Fuego Santo. El texto
árabe de dicho capítulo fue publicado en 1952 por el alemán Johann Fück11 y en 1988 fue traducido a la lengua alemana por el profesor Gotthard Strohmaier,12 en su obra Al-Biruni: En el jardín de la Ciencia.

De esta, pero también del texto árabe, procede la traducción que a continuación adjuntamos. La traducción alemana presenta con exactitud el sentido del texto, si bien en algunos puntos el profesor de árabe el Dr. Gamal al Tahir localizó algunos pequeños errores que han sido corregidos.13

 

Primer folio de la obra de al-Biruni
Cronología de los Antiguos Pueblos,
del manuscrito Beyazit 4667, siglo XVII.
Biblioteca Beyazit, Constantinopla.

 

La referencia de al-Biruni a la ceremonia del Fuego Santo.14 La narración comienza al final del
folio 347 y continúa en el 348. MS Beyazit 4667, s. XVII. Biblioteca Beyazit, Constantinopla.

Escribe al-Biruni en su obra:

 

ويحكى لسبت القيامة حكاية يبهت لها صاحب العلم الطبيعي بل لا يوجد مقرا بها، ولولا اطباق الخصوم على الأخبار عنه ذاكرين مشاهدته وتخليد الفضلاء من العلماء وغيرهم اياه في كتبهم لما يسكن القلب إليه، وقد عرفته من الكتب وأخذته سماعا عن الفرج بن صالح البغدادي ان في وسط كنيسة القمامة ببيت المقدس قبر المسيح منقور في صخرة واحدة مطبقة وعليه قبة تشرف عليها أخرى عظيمة وحوالي الصخر دار برمات يشرف منه المسلمون والنصارى ومن حضر إلى موضع القبر في هذا اليوم متضرعين إلى الله تعالى وداعين اياه من نصف النهار إلى اخره . ويجئ مؤذن الجامع والإمام وأمير البلد فيقعدون عند القبر ويجيئون بقناديل يضعونها عليه وهو معلق، وقد أطفأت النصارى سرجهم وقناديلهم قبل ذلك ويمكثون إلى أن يروا نارا صافية بيضاء قد اشعلت قنديلا فمنها سرج القناديل في الجامع والبيع. ثم يكتب إلى حضرة الخلفاء بوقت نزول النار ويستدلون بسرعة نزولها وقربه من نصف النهار على خضب السنة وبتأخره إلى العشاء وبعده على جدبها. وحكى هذا المخبر أن بعض السلاطين وضع في موضع الفتيل نحاسا كيلا يتقد فيفسد ذلك فانها اذا نزلت اتقد النحاس. ونزول هذه النار في يوم .متردد ومدة ما .موضع .العجب

“En relación con el Sábado de Resurrección se refiere una historia que asombra al investigador de fenómenos naturales y cuya causa es imposible descubrir. Si no hubiera consenso entre los adversarios (del milagro) y no refirieran que lo vieron ellos en persona, e incluso eminentes maestros y otras personas no lo hubieran transmitido en sus tratados, uno podría no darle ninguna credibilidad. Yo me he enterado por libros y he oído de Al-Faraj ibn Salih de Bagdad que en mitad de la Iglesia de la Resurrección de Jerusalén está labrado en una roca el sepulcro de Jesús de manera que está rodeado por una cúpula. Por encima se eleva una cúpula más grande y alrededor de la roca existen galerías. En ellas se sitúan los musulmanes. Los cristianos, y todo aquel que acude ese día al lugar del Sepulcro, rezan y suplican al Altísimo desde el mediodía hasta la noche. Acuden también el muecín de la mezquita, el imán jefe de la oración y el emir de la ciudad, quienes se sitúan al lado del Sepulcro. Con ellos traen lámparas que colocan encima mientras está todavía cerrado (el Sepulcro). Los cristianos, mientras tanto, tienen ya sus cirios y lámparas apagadas y esperan, hasta que ven ante ellos una límpida y blanca llama que enciende Zeituna lámpara. Con esta llama encienden las lámparas dentro de la mezquita y las iglesias. A continuación se redacta un informe escrito para los califas sobre el momento en que descendió la llama. Por la rapidez de su llegada (de la llama) y si era cerca del mediodía, concluían que el año sería productivo. Si la venida se retrasaba hasta el atardecer o más tarde, concluían que no sería productivo. El que me informó cuenta que algunos sultanes pusieron en lugar de la mecha un alambre de cobre para que no encendiera y no se realizara (el milagro). Sin embargo, la llama descendió y encendió el cobre. La venida en ese día de la llama desde el cielo, que se repite en ese lugar y día determinados, nos causa motivo de asombro”.15

 

Al-Biruni no siguió de cerca la ceremonia del Fuego Santo pero muestra que confía en las fuentes árabes que se refieren a la misma. Desde el principio aclara que no hablaría de la historia del Sábado de Resurrección si no hubiera “consenso entre los adversarios” del milagro, los cuales habían vivido el hecho como testigos presenciales (اطباق الخصوم = consenso de los adversarios).

Los “adversarios” son los que niegan el milagro, los que, como musulmanes, no lo aceptan; sin embargo, describen el hecho en común y al unísono. Esto parece impresionar a al-Biruni, que es musulmán chiíta. De esta manera su referencia adquiere otro peso moral porque en realidad nos transmite, y mejor resume, las narraciones de todos aquellos musulmanes que vivieron el milagro y cuyas obras no se han conservado hasta nuestros días.

Las informaciones proceden, además, de un testigo presencial de la ceremonia, Faraj ibn Salih de Bagdad. Al-Biruni, como científico profundo y esmerado, nos da un completo informe de sus fuentes, de manera que no haya ninguna duda de lo que dice en relación a un tema de naturaleza religiosa tan especial que podría provocar dudas en los fieles de su mismo credo. La información que nos transmite es de incalculable valor.

El hecho de que haya leído sobre la ceremonia del Fuego Santo en libros pone de manifiesto que lo extraño del milagro, ya desde el siglo X, estaba difundido por el mundo árabe.

Su narración de los hechos tiene muchos puntos en común con la de Ibn al-Qass, que presentamos en el capítulo anterior. Al igual que Ibn al-Qass, al-Biruni refiere que mientras la multitud espera, de repente, “¡ven ante ellos una clara llama blanca que enciende una lámpara!”. Y continúa diciendo que “¡con esta llama encienden las lámparas dentro de la mezquita y de las iglesias!”.

La mezquita a la que se refiere es el santuario de la Cúpula de la Roca. La transmisión del Fuego Santo a este santuario pone de relieve la magnitud de la aceptación del milagro entre los musulmanes, así como el prestigio que lo rodea.

Los dos jefes de la ciudad, el imán y el emir, así como el muecín (el que llama a la oración), se encuentran junto al Sepulcro y llevan sus lámparas.

Como señala Benjamín Z. Kedar, profesor de historia de la Universidad de Jerusalén, en la época de al-Biruni la ceremonia estaba en realidad repartida entre musulmanes y cristianos.16 El milagro era aceptado en común y era celebrado por igual por todos los habitantes de la ciudad.

De especial valor es la constatación de que cada año se le enviaba al califa, es decir, al califa de Bagdad, un informe en el cual se registraba la hora de venida del Fuego Santo.

El retraso del Fuego se consideraba de mal agüero, es decir, mal indicio para el siguiente año, mientras que la llegada a su hora, hacia el mediodía, se interpretaba como señal de fertilidad. Esto significa que la fama del milagro se extendía mucho más allá de Jerusalén y además ejercía influencia incluso sobre las previsiones agrícolas.

Y ahora pasamos a un detalle primordial de la narración, a un suceso que conocimos en el capítulo anterior, en la carta del monje Nikitas al emperador Constantino Porfirogéneto.

La persona que informó al al-Biruni cuenta, como testigo presencial, que algunos sultanes sustituyeron la mecha de la lámpara por una de cobre. Sin embargo, cuando el Fuego Santo hizo su aparición se encendió incluso la nueva mecha.

 

La frase اذا نزلت اتقد النحاس,que significa “pero cuando la llama
descendió encendió el cobre”, del manuscrito Beyazit 4667.

 

Es importantísimo el hecho de que esta información concreta se la transmite a al-Biruni un musulmán testigo presencial del suceso, el cual, como persona de otro credo, no tiene ningún motivo para ensalzar un milagro de una religión ajena.

Es más, esta información la recoge un sabio persa que se incluye entre los científicos más importantes de todas las épocas, quien como conclusión final refiere que “la venida de la llama celestial aquel día” es motivo para que nos “quedemos asombrados” (موضع العجب = quedemos asombrados).

Tan sólo por esta confirmación es evi dente que al-Biruni ha aceptado ya todo cuanto le han dicho sobre el prodigioso suceso del Sábado Santo. Y el motivo por el que lo acepta, como él mismo explica, es porque sus fuentes son fidedignas y existe consenso de opiniones.

Como se ha ya reseñado, las referencias de al-Biruni y de Ibn al-Qass ponen de manifiesto la gran difusión y aceptación que conoce el milagro en el seno de la población musulmana de Palestina.

Esta difusión constituía, sin embargo, para las autoridades del mundo islámico un devenir de los acontecimientos muy desagradable. Por una parte, porque iba en contra de las reglas de la fe islámica, y por otra, porque funcionaba como medio de proselitismo de los musulmanes a la religión cristiana.

El año 1009, apenas nueve años después de la redacción de la obra de al- Biruni, el califa de Egipto al-Hakim decide poner fin definitivamente a la asistencia anual de cristianos y musulmanes a la ceremonia del Fuego Santo. Para llevar a cabo su proyecto decide incendiar y destruir por completo la Iglesia de la Resurrección y el Sepulcro de Jesús.

 

Referencias:

1. El número de obras recogidas es de 146. En este número se incluyen 35 libros de astronomía, 15 de matemáticas (8 de aritmética, 5 de geometría, 2 de trigonometría), 23 sobre astrología, 16 tratados filológicos, 10 sobre suelos y cartografía, 4 sobre astrolabios, 9 sobre geografía, 2 sobre medicina y farmacia, 4 tratados históricos, 3 sobre religiones y filosofía, 2 sobre piedras y metales, etc.

2. El estudioso del sabio persa, D. Tsibukidis, en su artículo titulado “Pensamiento filosófico griego-helenista en los textos de al-Biruni” refiere lo siguiente: “In his works Biruni drew heavily upon Aristotle’s Physics, Metaphysics, De Caelo, Meteorology, Parts of Animals… He also fundamentally analysed the dialogues of Euclid, the oeuvre of Archimedes, the philosophical treatise Diacosmos of Democritus… He avidly studied the Almagest and Geographia of mathematician and astronomer Ptolemy, the treatises of the Greek physicians Hippocrates, Dioscorides, Galen, Oribasius, the chronicles of Eusebius… Αt a time when religious fanaticism swept medieval Europe… he was a forerunner of the Renaissance, was far in advance of the scientific thought then obtaining in Europe”, es decir, “En sus obras al-Biruni se basó en gran medida en las obras de Aristóteles Física, Metafísica, Sobre los cielos, Meteorología, Sobre los animales… Además analizó principalmente los Diálogos de Euclides, la obra de Arquímedes, el tratado filosófico Diáscomo de Demócrito… Estudió con avidez Almagesta y Geo grafía del matemático y astrónomo Tolomeo, los tratados de los médicos griegos Hipócrates, Dioscorides, Galeno, Oribasios, las crónicas de Eusebio… En un periodo en el que el fanatismo religioso arrasaba la Europa medieval… Biruni fue un precursor del Renacimiento, distaba mucho del pensamiento científico que dominaba en Europa” (D. Tsibukidis, “Graeco-Hellenistic philosophical thought in the writings of Abu Raikhan Biruni”, en Graeco-Arabica 7-8, Nicosia, 2000, pp. 524, 533).

3. “One of the very greatest scientists of Islam, and, all considered, one of the greatest of all times” (G. Sarton, Introduction to the History of Science, Baltimore, 1951, t. 1, p. 707).

4. “One of the great scientific minds in all history” (A.I. Sabra, Ibn al-Haytman, Harvard Magazine, septiembre 2003).

5. “He found the radius of the earth to be 6339 km, a value not obtained in the West until the 16th century” (F. Robertson - J. O'Connor, Al-Biruni, MacTutor History of Mathematics archive).

6.Ε.C. Sachau, The Chronology of Ancient Nations, Londres, 1879, prólogo, viii. Lo mismo sostiene Μ. Canard: “L’ouvrage de Biruni a été composé en l’an 1000” (Μ. Canard, “La Destruction de l’Église de la Résurrection,” Byzantion 35, 1955, p. 35).

7. Los cinco códices son: MS Or 161, 1307 d.C., Universidad de Edimburgo. – MS Paris Arabe 1489, s. XVII. París, Biblioteca Nacional. – MS Beyazit 4667, s. XVII. – Códice del Museo Asiático de San Petersburgo. – MS Add. 7697, 1286 d.C. Londres, British Library.

8. E.C. Sachau, Chronologie orientalischer Völker von Albêrûnî, Leipsia, 1878.

9. C.Η. Salemann, “Zur Handschriftenkunde, Al-Biruni’s al-Atar al-Bakiyah”, Izvestiya Ιmperatorsko Αkademii Νauk (1912), San Petersburgo, pp. 861-870.

10. I.J. Krachkovsky, “‘Blagodatny ogon’ po rasskazy al-Biruni i drugich musul’manskich pisatelej X-XIII vekov”, Christiansky Vostok 3 (1915), pp. 235-238.

11. J. Fück, “Sechs Ergänzungen zu Sachaus Ausgabe von al-Bīrūnī’s Chronologie orientalischer Völker”, Documenta Islamica Ιnedita (1952), Berlín, p. 94. Para trad. rusa, cf. M.A. Sal'e, Abureikhan Biruni (973-1048): Izbrannye proizvedeniia, Taskendi, 1957, pp. 348-350.

12. Gotthard Strohmaier es profesor de lenguas árabes y semíticas en la Universidad de Berlín y miembro de la Academia de la misma ciudad.

13. Los errores que se localizaron son:

La palabra الخلفا se presenta como “califa” mientras que significa los “califas”.

La palabra السلاطين se presenta como “gobernador” mientras que significa “sultanes”.

La palabra الجامع se presenta como “mezquitas” mientras que significa “mezquita”.

14. Cf. J. Fück, op. cit., p. 94. Muchas veces tras el hallazgo de un fragmento de un manuscrito como este en concreto se esconde un proceso de años especialmente complejo. Hellmut Ritter, su descubridor, lo registró con un número equivocado, 5667 en lugar de 4667. Además, Johann Fück, editor del fragmento sobre el Fuego Santo, no hace referencia a los números de las hojas que contienen el fragmento. Por fin, la narración está incluida en los folios 347 y 348, y su localización habría sido imposible sin la ayuda del profesor turco el Dr. Fuat Sezgin y del igualmente turco bibliotecario de la Biblioteca Beyazit, Erdem Selcuk, a los cuales expreso mi más profundo agradecimiento.

15. La traducción alemana a partir del original árabe refiere lo siguiente: “Vom Ostersonnabend wird etwas erzählt, das den Naturwissenschaftler in Erstaunen setxt und das er schwerlich als wahr anerkennen wird. Und wenn sich nicht die Gegner über die Nachrichten darüber einig waren und berichtet hätten, es selbst gesehen zy haben, und wenn nicht hervorragende Gelehrte und andere Leute es in ihren Büchern uberliefert hätten, konnte man sich nicht damit zufriedengeben. Ich habe es aus Büchern erfahren und auch von al-Farag ibn Salih aus Bagdad gehört, daß mitten in der Auferstehungskirche in Jerusalem das Grab Christi aus einem einzigen Felsblock ausgehöhlt ist, der es nach Art einer Grabkuppel umschließt. Darüber erhebt such eine andere große, Kuppel. Rund um den Felsen sind Emporen. Von dort schauen die Muslime zu. Die Christen, und wer sonst an diesem Tag zum ort des Grabes kommt, flehen und rufen zu Gott, dem Erhabenen, vom Mittag bis zum Abend. Es kommen auch der Muezzin der Moschee, der Vorbeter und der Emir der Stadt und setzen sich bei dem Grab nieder. Sie bringen Lampen mit, die sie daraufstellen, während es noch verschlossen ist. Die Christen haben schon zuvor ihre Lampen und Leuchter gelöscht und warten, bis daß sie ein reines weißes Feuer sehen, das eine Lampe zum Entflammen bringt. Davon werden die Lampen in der Moschee und in den Kirchen angezundet. Dann macht man an den Kalifen einem schriftlichen Bericht uber den Zeitpunkt, an dem das Feuer herabkam. Aus der Geschwindigkeit seines Herabkommens und ob es bald nach der Mittagszeit erfolgte, schießt man auf ein fruchtbares Jahr; wenn es sich aber zum Abend him verzögert oder noch später wird, auf ein unfruchtbares. Derselbe Berichterstatter teilte auch mit, ßab ein Herrscher anstelle des Dochtes einem Kupferdraht anbrachte, damit es sich nicht entzünden und das Ganze mißlingen sollte. Als aber das Feuer harabkam, brannte das kupfer. Die Herabkunft dieses Feuers an einem Tag, der nach einem bestimmten Zeitraum wiederkehrt, gibt Anlaß zur Verwunderung” (G. Strohmaier, Al-Biruni, In den Gärten der Wissenschaft, Leipsia, 1988, pp. 125-126). Para trad. francesa cf. M. Canard, “La destruction de l’Église de la Résurrection”, pp. 36-37, así como I.J. Krachkovsky, “Le feu beni”, Proche-Orient Chrétien 49 (1999), pp. 261-62. Para trad. inglesa cf. F.E. Peters, Jerusalem: the holy city in the eyes of chroniclers, Princeton, 1985, p. 26.

16. “Al-Biruni has Christians and Muslims praying for the fire's coming. Thus the descent of the Holy Fire assumes the features of a ceremony shared by Christians and Muslims”, es decir, “Al-Biruni refiere que cristianos y musulmanes oraban por la venida del fuego. Así, el descenso del Fuego Santo asume las características de una ceremonia que comparten cristianos y musulmanes” (B.Z. Kedar, “Convergences of Oriental Christian, Muslim and Frankish worshippers”, en The Crusades and the Military Orders, 2001, p. 90).

 
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